PENBOLIVIA, filial COCHABAMBA

PENBOLIVIA, filial COCHABAMBA

lunes, 18 de abril de 2016

Lo universal y lo provinciano en la novela boliviana





Mediante esta novela (Los infames, La Paz: Gisbert 2015), Verónica Ormachea Gutiérrez nos muestra un tipo de literatura que no es usual en Bolivia. Con pocas palabras intento aquí señalar la contribución fundamental de esta autora. La literatura boliviana ha sido tributaria de modas ideológicas relativamente rígidas, que prescribían el tratamiento de temáticas como el proletariado minero o los estratos campesinos y el enaltecimiento de las heroicas luchas de ambos sectores contra la perfidia de las élites. Apenas hubo concluido esta tendencia dogmática, la literatura y las ciencias sociales se entregaron a otra moda no menos dogmática, el relativismo cultural en el marco del posmodernismo, donde todavía se encuentran. En ambos casos la literatura resultante ha tenido un carácter provinciano y pueblerino, cerrado sobre sí mismo, indiferente a los grandes problemas de la historia universal y consagrado a celebrar las cosas pequeñas de la vida cotidiana. Esto no es negativo en sí mismo. Todos somos, de alguna manera, provincianos sobre la nave que es nuestro modesto planeta, y las cosas pequeñas de la vida cotidiana se revelan a menudo como las más importantes para los seres humanos concretos.
Pero lo grave reside en el elemento ideológico que subyace a esta posición. Los escritores de la actualidad creen que mimetizarse con la corriente dominante es un acto de notable sabiduría. Como no conocen el principio moderno de la crítica, no tienen una relación distanciada, lúdica e irónica con respecto a sus propias personas y obras. Previamente a toda reflexión analítica, es decir: de manera natural, obvia y sobreentendida, se adhieren a un principio de comportamiento social que tiene una gran popularidad en el país: la astucia momentánea es algo muy superior a la inteligencia innovadora. Entonces la necesaria preocupación por las cosas pequeñas de la vida diaria se transforma en la celebración de las banalidades, en la alabanza de lo vulgar y en el canto de lo efímero.
Nuestros escritores suponen que todo esto sería lo profundo, lo genuino y lo importante. Para ellos el centro del mundo está en el comportamiento de los grupos juveniles marginales, en el ámbito de las modas musicales y artísticas del momento o en extravagancias de todo tipo.
Al aseverar todo esto cometo, por supuesto, una injusticia. Hasta en las circunstancias más adversas se hallan novelistas y poetas, a quienes las corrientes del momento les son relativamente indiferentes, y se consagran a su obra creativa con gran empeño y originalidad. Verónica Ormachea Gutiérrez transita por la senda de los temas universales, poniendo en cuestionamiento los prejuicios colectivos de vieja data, aquellos que son entrañables e irrenunciables para una buena parte de toda sociedad humana y que conforman la base de su identidad nacional.
Varinia, la figura central femenina de Los infames, la señorita de buena familia que se enamora de un muchacho católico de origen judío, vive un drama existencial muy complejo y por ello desarrolla un carácter teñido por la ambivalencia y unas reflexiones muy interesantes para conocer al alma femenina, si es que existe una entidad metafísica y genérica llamada el alma femenina. Creo uno de los méritos principales de la autora reside en su capacidad para construir (o reconstruir) la difícil estructura mental y anímica de mujeres inteligentes y cultas que llevan una vida trágica, escindidas entre las pasiones del corazón, los códigos morales tradicionales y las realidades de la prosaica vida diaria. Y en ambos casos las pasiones resultan ser fuertes y hasta violentas, lo que a veces no desagrada a las protagonistas.
Sin darse cuenta, los dos protagonistas principales de Los infames representan lo dionisíaco en el caso de Varinia, y lo apolíneo en el de Boris, la figura central masculina. Son las dos fuerzas que impulsan el ámbito humano: los sentimientos y la razón, las intuiciones y la lógica. Como en toda buena novela, no hay una separación esquemática y rígida entre ambos principios; los personajes transitan continuamente del uno al otro.
Pero me llamó la atención que dos varones, el joven Boris y el ya viejo Mauricio Hochschild, sean los representantes de la tendencia apolínea, es decir: del orden y la mesura. Aunque aquí debo corregirme. Boris, quien consigue en el último minuto una visa para Bolivia, está desgarrado entre la lealtad a sus padres, a su novia, a su tierra natal, y los imperativos de una razón práctica. Como pocos productos de la literatura boliviana,
Los infames conecta dos temas universales: la suerte de los judíos a mediados del terrible siglo XX y la cultura del burocratismo y autoritarismo. Además creo que la autora posee un talento especial para la descripción de constelaciones socio-culturales. En mi opinión están muy bien logradas las descripciones de la atmósfera colectiva en Polonia bajo la ocupación alemana y de la vida cotidiana en el campo de concentración de Auschwitz, con sus pocas esperanzas y alegrías y sus muchas traiciones y desgracias. Aquí se percibe lo que es un tratamiento inteligente de los detalles del ámbito diario: en lugar de celebrar trivialidades como si fuesen hechos importantes, la autora nos muestra que cada pequeña acción puede traer sufrimientos mayores o la muerte a los involucrados que no pueden comprender ni el origen ni el sentido de su tragedia.
En lo referido al ambiente boliviano, la autora pone en duda los mitos colectivos sobre las presuntas bondades del nacionalismo autoritario del presidente Gualberto Villarroel. El Estado de derecho y el respeto de los derechos humanos no eran los valores rectores del Gobierno que duró entre 1943 y 1946. La obra de Verónica constituye un merecido homenaje a Mauricio Hochschild, uno de los barones de la minería. Las leyendas populares atribuyen todas las maldades posibles a los magnates mineros, lo que, por supuesto, tiene que ver con la base de envidia, desinformación y prejuicios que caracterizan hasta hoy el sentido común histórico de la sociedad boliviana. La mezquindad colectiva impide reconocer rasgos positivos en los adversarios políticos circunstanciales. La autora realiza una labor ejemplar al recordarnos la labor humanitaria –llena de riesgos y vacía de gratitud– que realizó Hochschild. Verónica Ormachea Gutiérrez y su obra nos obligan a ver este conjunto de temas con una mezcla de clarividencia y elegancia.

Fuente: http://www.paginasiete.bo/ideas/2016/4/10/universal-provinciano-novela-boliviana-92482.html

viernes, 11 de marzo de 2016

FESTIVAL DE LA POESIA 2016 - PENCOCHABAMBA




Festival de la Poesía 2016 - PENCochabamba

Programa
I  Parte
      Palabras de apertura a cargo del presidente PENCochabamba, Lic. Iván Prado
      Lecturas de poesías en diferentes idiomas del mundo.
Participan Teresa C. Rodríguez, Iván Prado, Demetrio Reynolds, Dennis Morales, Vanessa Giacoman, Michelle Dechelet, Libertad Pinto, entre otros.
Se dará lectura de poesías, de diferentes poetas y poetisas, en alemán, inglés, portugués, esperanto, quechua, yurakaré y otros.

II  Parte

Homenaje a Rubén Darío.
Presentación de la obra de R. Darío a cargo de Lic. Melita del Carpio.
Lectura de poesías por el Dr. Willy Oscar Muñoz

III  Parte 
Homenaje a Miembros Honorarios del PEN-Cochabamba.
Entrega de plaquetas a Oscar Vallejo y Freddy Ayala.

IV  Parte
      Clausura del evento con una exhibición de Polipoesía a cargo de Daniela Gonzales et al.

Organiza: PENBolivia, filial Cochabamba
Auspician: Café Lea + y Librería El Artillero
Fecha: Lunes 21 de Marzo a horas 19:00
Lugar: Café Lea +, calle Santibáñez #134,  entre Junín y Av. Ayacucho

lunes, 22 de febrero de 2016

EL LEGADO DE MARIO LEYES

Resultado de imagen para Mario Leyes Cochabamba



Melita del Carpio (*)

Cuando alguien muere en las familias, la ausencia física convierte al ser querido en presencia inmanente. Sus palabras, sus sueños, su herencia espiritual hace carne entre sus allegados, es cuando se repiten sus palabras, se reverencian sus valores y uno quisiera, de alguna manera, hacer realidad sus sueños no cumplidos. Pero cuando muere alguien que ha dejado huella en un pueblo y su patrimonio es social, entonces, la comunidad toda necesita recoger y reconstruir su legado.

Mario Leyes, bailarín, coreógrafo, maestro de generaciones de artistas de la danza, investigador, ha partido; pero su vida, su trabajo artístico, sus afanes, sus sueños, sus escritos son ya un patrimonio que necesitamos conocer, reconocer, reverenciar y seguir.

Amó la danza y consagró su vida a ella. Trabajó incansablemente en los ámbitos clásico, neoclásico y folklórico como bailarín, luego como coreógrafo y formador de cientos de artistas. Llevó a Bolivia bailando por el mundo con sus aclamadas coreografías siempre sustentadas en investigaciones serias. Cosechó aplausos y condecoraciones, premios nacionales e internacionales. Fundó el Ballet Folklórico de Cochabamba, la Academia Departamental de la Danza, y otras instituciones artísticas. Fue gran impulsor del Festival Internacional Luzmila Patiño y de Podanza, asociación de maestros de la danza que aglutina a los más importantes coreógrafos de Cochabamba.

Mario Leyes nos dejó la herencia de la calidad y la autoexigencia en el arte. Sus coreografías, principalmente en la danza folklórica, tuvieron siempre un nivel estético extraordinario por su creatividad, dinamicidad, fuerza, hermosura en el vestuario, nivel de desempeño de los bailarines y principalmente, consecuencia con la tradición y la identidad cultural. Nunca desfiguró a título de “espectacularidad” esa tradición que conocía a fondo.  

Marcó un antes y un después en la danza folklórica de Cochabamba y de Bolivia. Elevó la danza folklórica a categoría de ballet. De ese emblemático primer grupo de artistas con el que fundó el Ballet Folklórico de Cochabamba en los 70, emergieron grandes bailarines y coreógrafos que tomaron sus propios rumbos: Melo Tomsich, Martha Levy, Walter Albarracín, Hortensia Salamanca, Stella Pando, Gonzalo Canedo, Teresa Quiroga, Hugo Ara, Jesús Pérez, Fernando Ballester y muchos otros. Mario Leyes fue toda una escuela de creatividad, profesionalismo y entrega al arte y marcó una Época de Oro en la danza folklórica.
Su pensamiento está sistematizado en su libro “Apuntes sobre danza y baile folklórico boliviano”, publicado en 2015 por Verbo Divino. La vida le permitió dejarnos esta otra herencia que refleja al investigador y antropólogo de la danza folklórica tradicional.

Quienes conocimos su faceta gentil, humana y su corazón de artista, guardamos con la gratitud y la admiración también una lágrima de añoranza. Hasta siempre, Maestro.

(*) La autora es miembro del PEN Bolivia-Cochabamba.

Fuente: http://www.lostiempos.com/lecturas/varios/varios/20160220/el-legado-de-mario-leyes_333755_742117.html

viernes, 19 de febrero de 2016

NUEVAS LIBRERIAS EN COCHABAMBA



Para beneplacito de los amantes y difusores de la lectura, en esta última temporada se han abierto nuevas librerias en la ciudad de Cochabamba con novedades y precios al alcance de todo bolsillo, además de novedades en la forma de atender al público lector. Entre estas librerias se tiene a:

- FLOYD´S. Libros y Música.  Ubicada en la avenida Salamanca Nº 622, casi Lanza, es sucursal de una acreditada tienda en Tarija.  Además de ofertar muy buenos libros, para los amantes de la música, tiene una fantástica colección de CDs y vinilo.  Acepta pedidos.

- ENCANTALIBROS.  Funciona en la calle Colombia, entre Aurelio Meleán y Julio Arauco Prado (a media cuadra del SSU) Nº 1069.  También con excelente oferta de libros.
- CAFE LEA MÁS y Libreria EL ASTILLERO. Un cafe-libreria que funciona en la Calle Santivañez esquina Ayacucho. El lector puede leer y adquirir libros de última edicion y además servirse una variedad de cafés y masitas.

Difundan esta información para conocimiento de los escritores y lectores.
 
¨PROMOVER LA LECTURA PARA ROMPER LAS CADENAS DE LA IGNORANCIA"
 

lunes, 25 de enero de 2016

HASBÚN: LOS DESAFECTOS FAMILIARES



Willy Oscar Muñoz, Los Tiempos
 
El periodo histórico entre la Revolución Nacional de 1952 y la guerrilla en los 60 ha sido un tema frecuente entre los escritores bolivianos, contexto que Rodrigo Hasbún ficcionaliza nuevamente en “Los afectos”.
No se trata precisamente de una novela histórica, sino de la historia de una familia alemana que se asienta en Bolivia a pocos años de la Revolución del 52. Las dos partes de esta novela contienen una polifonía de voces, la que registra la memoria de los personajes sobre su paulatino alejamiento.

Con una economía de palabras, Hasbún va construyendo los deseos, amores, infidelidades, fracasos y el distanciamiento de los miembros de esa familia. Cada personaje rememora desde su propio tiempo y desde distintos espacios, alejados por su propia voluntad, por las contingencias históricas o por la distancia entre un continente y otro. Cada narración está separada de las otras, estrategia que no sólo estructura la novela, sino que representa, simbólicamente, la fragmentación de esta familia.

Minuciosamente Hasbún va revelando la psicología de sus personajes, los fundamentos de su alejamiento.
Dado que la novela tiene lugar en un tiempo histórico de conflicto, el espíritu rebelde de Monika la impele a involucrarse en la guerrilla urbana, hasta constituirse en un enlace importante, además de amante de Inti y ejecutora de misiones revolucionarias. De esta manera se entreteje la ficción con la historia nacional.

Como un artífice consciente de su trabajo, Rodrigo Hasbún arma las diferentes partes que estructuran su novela, para lo cual recurre a diferentes registros literarios: es una novela lírica, pero también de aventura –la expedición en busca de los tesoros del Paitití–, contiene fragmentos biográficos y es, en partes, novela de la guerrilla. Estas modalidades están artificiosamente reunidas en un todo literario coherente. La expedición al Paitití, que parece estar desvinculada del resto del argumento, se relaciona a nivel simbólico: la búsqueda de tesoros se asemeja también a la búsqueda de construir una sociedad más justa mediante la utopía revolucionaria. La expedición arqueológica del padre queda en la nada; los restos de su excelencia como fotógrafo son unas fotos viejas, apenas visibles debajo de la mugre que el paso del tiempo ha dejado. De la misma manera, el intento revolucionario queda en la nada.

El último capítulo, impreso en itálicas y en la voz de un narrador omnisciente, versa sobre el padre de esa familia: un viejo acompañado sólo por sus perros, quien hace cavar lo que va a ser su tumba. Es un pobre hombre que “da asco y pena, débil, mugriento, ya más del otro lado que de este”. Se rumorea en el pueblo que a una de sus hijas “los militares habían ultrajado de la peor manera posible. Otras dos se fueron para nunca volver”.

“Los afectos”, es, pues, la historia de los sentimientos contradictorios de los miembros de una familia, historia que toca las fibras más íntimas de los lectores. Es la historia de una familia que el tiempo se encarga de borrar, lo cual resulta simbólico de la poca trascendencia social de las guerrillas en la historia nacional. Si bien la novela muestra los defectos y desafectos de una familia fragmentada, como proceso escritural, “Los afectos” se caracteriza por su excelente factura literaria.

(*) El autor es escritor y miembro del PEN-Filial Cochabamba.
El periodo histórico entre la Revolución Nacional de 1952 y la guerrilla en los 60 ha sido un tema frecuente entre los escritores bolivianos, contexto que Rodrigo Hasbún ficcionaliza nuevamente en “Los afectos”.
No se trata precisamente de una novela histórica, sino de la historia de una familia alemana que se asienta en Bolivia a pocos años de la Revolución del 52. Las dos partes de esta novela contienen una polifonía de voces, la que registra la memoria de los personajes sobre su paulatino alejamiento.
Con una economía de palabras, Hasbún va construyendo los deseos, amores, infidelidades, fracasos y el distanciamiento de los miembros de esa familia. Cada personaje rememora desde su propio tiempo y desde distintos espacios, alejados por su propia voluntad, por las contingencias históricas o por la distancia entre un continente y otro. Cada narración está separada de las otras, estrategia que no sólo estructura la novela, sino que representa, simbólicamente, la fragmentación de esta familia.
Minuciosamente Hasbún va revelando la psicología de sus personajes, los fundamentos de su alejamiento.
Dado que la novela tiene lugar en un tiempo histórico de conflicto, el espíritu rebelde de Monika la impele a involucrarse en la guerrilla urbana, hasta constituirse en un enlace importante, además de amante de Inti y ejecutora de misiones revolucionarias. De esta manera se entreteje la ficción con la historia nacional.
Como un artífice consciente de su trabajo, Rodrigo Hasbún arma las diferentes partes que estructuran su novela, para lo cual recurre a diferentes registros literarios: es una novela lírica, pero también de aventura –la expedición en busca de los tesoros del Paitití–, contiene fragmentos biográficos y es, en partes, novela de la guerrilla. Estas modalidades están artificiosamente reunidas en un todo literario coherente. La expedición al Paitití, que parece estar desvinculada del resto del argumento, se relaciona a nivel simbólico: la búsqueda de tesoros se asemeja también a la búsqueda de construir una sociedad más justa mediante la utopía revolucionaria. La expedición arqueológica del padre queda en la nada; los restos de su excelencia como fotógrafo son unas fotos viejas, apenas visibles debajo de la mugre que el paso del tiempo ha dejado. De la misma manera, el intento revolucionario queda en la nada.
El último capítulo, impreso en itálicas y en la voz de un narrador omnisciente, versa sobre el padre de esa familia: un viejo acompañado sólo por sus perros, quien hace cavar lo que va a ser su tumba. Es un pobre hombre que “da asco y pena, débil, mugriento, ya más del otro lado que de este”. Se rumorea en el pueblo que a una de sus hijas “los militares habían ultrajado de la peor manera posible. Otras dos se fueron para nunca volver”.
“Los afectos”, es, pues, la historia de los sentimientos contradictorios de los miembros de una familia, historia que toca las fibras más íntimas de los lectores. Es la historia de una familia que el tiempo se encarga de borrar, lo cual resulta simbólico de la poca trascendencia social de las guerrillas en la historia nacional. Si bien la novela muestra los defectos y desafectos de una familia fragmentada, como proceso escritural, “Los afectos” se caracteriza por su excelente factura literaria.

(*) El autor es escritor y miembro del PEN-Filial Cochabamba.



Fuente: http://www.lostiempos.com/lecturas/varios/varios/20160123/hasb%C3%BAn-los-desafectos-familiares-_330653_734916.html