PENBOLIVIA, filial COCHABAMBA

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lunes, 11 de enero de 2016

La globalización de la Literatura Boliviana





Willy Oscar Muñoz, Los Tiempos

La publicación de “Peajes. Cuentos que se pagan” de Galia Yaksic, que Grupo Editorial Kipus acaba de publicar, es sintomático de una realidad actual en la producción literaria nacional, la que problematiza el alcance del concepto de literatura boliviana. ¿Es literatura boliviana la última producción de Edmundo Paz Soldán o Giovanna Rivero? Por su residencia en los Estados Unidos, ellos son considerados “escritores latinos”, una forma de expropiación que se olvida del origen boliviano de estos escritores. De la misma manera, Rodrigo Hasbún, que también escribe desde el exterior, tiene los dos pies puestos, simultáneamente, en otras tierras y en ésta, como la protagonista de su novela “El lugar del cuerpo”.
Galia Yaksic pertenece a esa generación de escritores bolivianos jóvenes con larga residencia en otras tierras y que se ha nutrido de otras culturas. Su colección de cuentos sugiere que Bolivia es un punto en el concierto de naciones. Temáticamente, su texto es representativo de la globalización de la literatura boliviana, de aquella que ha expandido su horizonte temático a espacios extranjeros, a la vez que está genuinamente enraizada en el territorio nacional. Ella, como boliviana, ficcionaliza sus experiencias en otros territorios, lo cual da lugar al inevitable extrañamiento, a la alienación, a la conflictiva comparación del aquí y del allá, a la añoranza del terruño natalicio y al anhelo del retorno. Estos son los ladrillos temáticos con los que Yaksic construye sus cuentos, protagonizados generalmente por personajes femeninos, a menudo profesionales exitosas en el exterior, incorporación que signa el paso significativo de la mujer boliviana que se labra un espacio privilegiado en el mundo contemporáneo.  
“Peajes” está dividida en cuatro partes, “La espera”, “La mente”, “Los versos y “La libertad”. Cada parte contiene tres cuentos. La característica principal de esta colección es la descentralización territorial y la acción en tiempos cibernéticos. Los cuentos tienen lugar en los más diversos espacios, desde un centro minero del altiplano hasta Estocolmo; desde la especificidad de un mercado callejero boliviano hasta los fríos túneles de un metro que se dirige a un campo de refugiados políticos en Kiruna. Simultáneamente, la diversidad cultural fundamenta varios cuentos. Tematiza la condición de la exiliada, quien observa una cultura diferente, a la vez que es percibida como extranjera. El espacio codificado es amplio: desde culturas en las que se vive a la carrera, donde los amores son de minutos, hasta la especificidad de lugares pobres de nuestra tierra. Asimismo, Yaksic codifica una diversidad de emociones de personajes en diferentes espacios. Así, ficcionaliza la unión de una mujer con el hombre amado de otra cultura, quien profesa un sistema de creencias muy diferente a la boliviana. A través de él conocí a Dios, afirma la narradora. En los pasajes de este cuento, “El que siempre sonríe o la fe”, se imbrican lo poético, lo erótico y lo místico. Dice ella: él “cantó la ciencia que yo no conocía hasta que pude comprender que en él se había escrito con letras finas un carácter sublime, que conocerlo era deleitarse con el estilo de una única y monumental obra de arte”, como lo es esta colección de cuentos.
El tema del exilio y del retorno a la patria son recurrentes. Entre sus variantes están la alienación en tierras extrañas, el paulatino cambio de cultura que crea un cisma entre una desolada madre boliviana y sus hijos, enajenación descrita simbólicamente como el quitarse un abrigo pesado para ponerse encima armaduras complicadas, impenetrables culturalmente para la madre. Sin embargo, el retorno de los personajes a la patria también pone al descubierto la marginación, el racismo, la discriminación, así como las diferencias generacionales de una juventud que juzga los males sociales de sus mayores. Así Yaksic desentraña la relación de nuestro pasado indígena y su herencia tanto cultural como racial a nuestra realidad contemporánea.
El lenguaje de los cuentos de Yaksic confiere a estas ficciones una dimensión alegórica. El hilvanado de los signos escriturales de su lenguaje explosiona el tradicional significado de las palabras, ellas significan más de lo que se lee, devienen un medio epistemológico que ponen al descubierto la profundidad de sentimientos ante determinadas situaciones culturales. Su lenguaje funciona como la metonimia de la cultura. Los lectores no pueden más que parar la lectura y cavilar sobre frases como “hay idiomas que son caricia y otros que son sopapo. Hablar diferente es sentir diferente”. ¿Cuántas relaciones socioculturales profundas emanan de estas frases? Con este manejo del material lingüístico Yaksic construye sus cuentos, a veces poéticos, pero siempre incisivos, inteligentes. Esta colección de cuentos confirma la posición de vanguardia que Galia Yaksic ya se venía labrando con su anterior producción literaria en nuestro país.

(*) El autor es escritor y miembro del PEN-filial Cochabamba.
Fuente: http://www.lostiempos.com/lecturas/varios/varios/20160109/la-globalizaci%C3%B3n-de-la-literatura-boliviana_328978_730882.html

miércoles, 6 de enero de 2016

Baudoin y Ruiz, de Márquez, premio y estilo




Raúl Rivero Adriázola (*), Los Tiempos

Qué difícil es escribir un cuento. Quien lo intenta está obligado a seducir y, mejor, asombrar al lector desde la primera línea, y no le quedan muchas más para desarrollar la trama y culminar con un adecuado y, mejor, inesperado final. A diferencia del cuento oral, que goza de la ventaja de aprovecharse para gustar de las inflexiones de voz o las pausas que sepa hacer el narrador para atraparnos en las redes de lo relatado, son las mismas palabras y cómo son puestas sobre papel, en su intrínseca sonoridad, las que deben sugerir u obligar esas inflexiones o pausas en el lector.
De ahí que, a los que como en mi caso, preferimos la novela antes que el cuento, nos maravillamos más con un buen escritor de relatos breves y, por lo mismo, también le exigimos más de seducción y asombro. Por eso, en mi biblioteca figuran pocos cuentistas, pero los tengo en un escalón más alto de mis preferencias que a la mayoría de los novelistas que más aprecio. Poe, Borges y Cortázar, Arreola y Monterroso, Rivas y Kertész, Céspedes y Scott-Moreno, son algunos de los que primero se me vienen a la memoria, como habitantes de ese olimpo de mis predilecciones.
Con la agradable novedad de que la autora boliviana Magela Baudoin ganó el ya prestigioso y jugoso premio García Márquez, inmediatamente me vino a la memoria el precioso libro de cuentos “Fronteras Desbordadas”, de Beatriz Ruiz (Editorial 3600, 2013). Y la razón de esa ligazón mental entre el premio y esta autora tiene que ver con el estilo. Aunque escrito en este siglo, al leer “Fronteras…” uno tiene la excitante sensación de deja-vu, de volver a los años del mundo “Real Maravilloso”, aquellas palabras casi olvidadas que trataban de explicar el rico e incontinente universo literario de los autores del “Boom” y en el que García Márquez figura como ineludible emblema y obligada referencia. Es que Ruiz juega con el lenguaje y con las situaciones que describe con la misma habilidad que si de un autor de los años sesenta o setenta del siglo pasado se tratara, sumergiéndonos en un mundo de maravillas por lo insólito de sus personajes y lo asombroso de los hechos narrados, que nada tienen que envidiar a los relatos que Gabo y compañía nos entregaron en aquellos mágicos años para las letras latinoamericanas.
En el caso de Magela, el anzuelo para atraer al lector es diferente. Ella, más bien, encandila con su excelente y bien pulido uso del lenguaje, con sus descripciones precisas y diáfanas, en las que no falta ni sobra adjetivo o verbo, en el que dice lo que quiere decir con inteligencia, y punto; aunque hay que reconocerle trazos de influencia de ese real maravilloso en algunos de sus cuentos. Ese admirable empleo del lenguaje no solamente hace difícil para el lector el soltar su magnífica “La Composición de la Sal” (Plural Editores, 2014), obra merecidamente ganadora de referido galardón internacional, sino que le obliga a dar una y mil vueltas a las excelentes tramas. Y, tal vez, ahí esté otra gran diferencia entre estas dos magníficas cuentistas. Mientras Ruiz nos describe cosas más de campanario, algunas sólo entendibles por quienes habitamos estas tierras, la propuesta de Baudoin es más cosmopolita, incluso cuando arma historias con escenario local, por lo que su lectura es seguramente más fácil para el público de otras latitudes.
Empero, al margen de esas diferencias, que en nada desmerece a una o pone por encima a la otra, ambas son dos ejemplos de autoras que poseen el envidiable secreto de saber introducir en sus relatos las adecuadas dosis de seducción y asombro, para que no podamos hacer a un lado el libro hasta su punto final y saborearlo en la memoria aún mucho tiempo después de haberlo concluido.
El leer a autores bolivianos de tal aptitud y habilidad para entregarnos relatos tan bien logrados, como lo consiguen Ruiz y Baudoin, nos confirma con orgullo que, hoy por hoy, las letras bolivianas están viviendo un momento de gran nivel, donde parece darse una sana e imaginativa competencia entre talentos jóvenes –y, algunos, no tanto– que han elevado en grado sumo la calidad de lo producido en novela, cuento, ensayo y poesía. Creaciones dignas de reconocimiento internacional, para beneplácito del ávido lector, estímulo para el potencial escritor y regocijo para nuestros editores y libreros.

Fuente: http://www.lostiempos.com/lecturas/varios/varios/20160102/baudoin-y-ruiz-de-m%C3%A1rquez-premio-y-estilo_328147_728919.html

I PREMIO PENBOLIVIA, POESÍA



Género: Poesía

Premios:
Al Primer Lugar: Edición del libro y diploma
Al segundo y tercer lugar: Diplomas

Dirigido a:
Poetas bolivianos o/y poetas residentes (más de tres años) en el país.

Entidad convocante: PEN Bolivia

Cierre de recepción: 1ro de mayo 2016 a horas 18:00 impostergablemente

BASES
• Las obras deberán ser presentadas en lengua castellana y/o traducidas al castellano.
• Los participantes deberán enviar una obra con poemas inéditos, con una extensión obligatoria mínima de setenta páginas, de tema y forma libres.

• La vigencia del certamen se inicia con la publicación de la presente convocatoria y concluirá el 1ro de mayo de 2016 (las obras que por distintas circunstancias se reciban después de la fecha y hora indicadas, pero que ostenten sello postal de envío dentro del límite estipulado por la convocatoria, podrán ser admitidas).

• Los participantes deberán remitir su producción a:
Primer Premio Nacional de Poesía “PEN Bolivia 2016”
Librería Lewylibros, calle Junín N° 229
Santa Cruz, Bolivia.

• Cada participante deberá enviar tres ejemplares de su obra, escritos en computadora, a doble espacio, tamaño de letra 12 y en papel tamaño carta, por una sola cara.

• Las obras deberán estar suscritas con seudónimo y, adjuntar un sobre cerrado donde se  incluyan los siguientes datos, relativos a la identificación de su autor:

a) nombre completo;
b) domicilio, número telefónico y/o correo electrónico.


• El Jurado Calificador estará integrado por tres poetas y/o críticos de comprobada capacidad, autoridad y solvencia.

• El Jurado Calificador emitirá su fallo el 20 mayo del año 2016 y la instancia organizadora notificará al poeta ganador, divulgándolo por los diversos medios de comunicación tanto locales como nacionales.

• El fallo del Jurado Calificador será inapelable.

• El Premio será entregado en solemne acto a efectuarse en los predios de la XVI Feria Internacional del Libro, dentro de las actividades correspondientes  a la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz.
• No se devolverán los trabajos presentados, (serán desechados).

• No se aceptará ningún trabajo enviado a través de correo electrónico.

• No podrán participar: libros premiados o que se encuentren participando en certámenes similares. No podrán participar los miembros de PEN Bolivia.

Santa Cruz, enero 2016


lunes, 21 de diciembre de 2015

NORAH ZAPATA-PRILL OBTUVO EL PREMIO ANNE FRANK 2015 EN ITALIA


Nuestra colega Norah Zapata-Prill, socia del PENCOCHABAMBA, acaba de ganar el premio Anne Frank 2015 en Italia.

BOLIVIANA GANA PREMIO DE DERECHOS HUMANOS ANNE FRANK
Los Tiempos
 
La escritora boliviana Norah Zapata-Prill ganó el Premio Especial de los Derechos Humanos 2015, en homenaje al 70 Aniversario de la muerte de Anna Frank, organizado por la academia Italia en el Arte del Mundo.

La academia, presidida por Roberto Chiavarini, explica en su carta a la ganadora que la entrega del premio se debe a su compromiso social como vicepresidenta de la Fundación Donatella Mauri (establecimiento médico-social psicogeriátrico, Romanel-sur-Lausanne, Suiza).

La organización explica también que el premio forma parte del evento más grande de la entrega de los Premios Arte como un reconocimiento a personalidades del mundo del arte, la ciencia y la cultura.
“Recibo  este premio como un regalo que la vida me ofrece, un regalo que corona, casi a mis 70 años, una trayectoria de poesía y vida profesional puesta al servicio de los claroscuros de nuestra condición humana”, dijo la ganadora en su discurso en el acto de ceremonia de entrega del premio el pasado 17 de diciembre.

También dijo que leyó el diario de Anne Frank a sus 15 años, dejando en ella una profunda huella de compasión y vida. “Ana Frank nos legó un mensaje de libertad, de humanidad, de compasión a fin de que cada uno, independientemente de sus orígenes, de su religión, de sus creencias, viva en paz. Porque la paz es fuente y vida”, dijo.

Zapata-Prill comparó su vida con un puente: “Somos puentes. Llevamos en nosotros aquello que hemos aprendido, aquello que hemos comprendido. Caminantes, transportamos en nuestro bagaje de riquezas heredas”.

Norah Zapata-Prill, según información recogida de Internet, es una escritora cochabambina con especialidad en la poesía, miembro de la Academia Boliviana de la Lengua; profesora de Literatura y Castellano, egresada de la Normal Superior Católica de Cochabamba. Hizo estudios de posgrado en Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.

Entre otros reconocimientos logrados por ella están el Primer Gran Premio Nacional Franz Tamayo, el más importante de Bolivia, conseguido en dos ocasiones en 1973 y en 1977.

En el ejercicio profesional, el trabajo principal de la autora fue el de animadora socio-cultural, en un establecimiento médico-social (Lausanne-Suiza); directora de La NAZ y, actualmente, directora de la Fundación Donatella Mauri (el establecimiento psicogeriátrico en Suiza).

lunes, 30 de noviembre de 2015

Boliviana gana Premio García Márquez


Gana boliviana Premio García Márquez 

 

La escritora boliviana Magela Baudoin ganó el Premio Hispanoamericano de Cuento, segunda versión.


La escritora boliviana Magela Baudoin ganó el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, segunda versión del galardón que honra al Nobel colombiano, anunciaron este viernes sus organizadores.

Baudoin se adjudicó la distinción, creada por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia y dotada con 100 mil dólares, con su obra La composición de la sal, al imponerse frente a los 136 libros de cuentos de autores de 19 nacionalidades en liza este año.

Un jurado integrado por los argentinos Alberto Manguel y Liliana Heker, la mexicana Margo Glantz y los colombianos Luis Fayad y Conrado Zuluaga eligió el trabajo de Baudoin por su "gran intensidad y sutileza" y su "singular destreza" para contar historias "sin caer en la tentación de ser explícita o didáctica".

Periodista, escritora y profesora universitaria, Baudoin era una de las cinco finalistas del concurso, además del peruano Carlos Arámbulo, el chileno Mauricio Electorat, la ecuatoriana Gabriela Alemán y el mexicano Juan Villoro.

El Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, creado unos meses antes de la muerte de García Márquez el 17 abril de 2014, rinde homenaje al Nobel de Literatura 1982, cuya obra cumbre Cien años de soledad (1967) es la principal exponente del realismo mágico.

Fuente: http://www.tabascohoy.com/2/notas/283207/gana-boliviana-premio-garciamarquez

miércoles, 18 de noviembre de 2015

MEMORIA DE LA PARTICIPACIÓN DEL PENCOCHABAMBA EN LA IX FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO - 2015


El PENBOLIVIA, filial Cochabamba participó activamente en la IX Feria Internacional del Libro de Cochabamba que se realizó del 15 al 25 de octubre de 2015. Esta feria, que tuvo el éxito esperando, acogió varias actividades del PENCBA, como:

1) COLOQUIO SOBRE “AUTOCENSURA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN”
Con la participación de 6 connotados periodistas y escritores se realizó del 21 al 23 de octubre el Coloquio sobre Autocensura y Libertad de Expresión” con el propósito de generar espacios de análisis sobre temas dos tema de actualidad como son la autocensura y la libertad de expresión. El temario fue el siguiente:
Miércoles 21 de octubre, de 18:00 a 19:00
- "Poder Político y Libertad de Expresión: Una relación traumática.
Expositor: Demetrio Reynolds (Escritor, columnista)
- "La Expresión Literaria y Periodística".
Expositor: Ramón Rocha Monroy (Escritor, columnista y cronista)
Jueves 22 de octubre, de 18:00 a 19:00
- Alienación y Autocensura
Expositora: Elizabeth Paravicini (Periodista y Presidente de la Asociación de Periodistas)
- "La Autocensura en Bolivia"
Expositora: Melita del Carpio (Escritora)
Viernes 23 de octubre, de 17:00 a 18:00
- Autocensura como "mordaza" y "esterilización"
Expositor: Gonzalo Viscarra (Periodista e Historiador)
- Alcances de la Libertad de Expresión y Autocensura
Expositor: Sergio de la Zerda (Periodista)

En el Coloquio, los expositores resaltaron lo siguiente:
- La autocensura es una “mordaza” que se impone el propio periodista o escritor para no decir la verdad.
- La autocensura es generada tanto por factores externos (presión del estado, de los dueños de los medios, etc.) como por factores internos (Labilidad personal del propio periodista o escritor, falta de formación en valores y una falta de formación en conocimientos sólidos).
- “El gobierno provoca la autocensura” vs “El gobierno no provoca la autocensura”.
- Hay diferencias en la autocensura en el periodista y la autocensura en el escritor. La autocensura en el periodista llega a ser inmediata y la autocensura en el escritor puede ser a mediano o largo plazo.
- Hoy en día “abunda” la autocensura y la censura, puesto que los medios para evitar que sea retirada propaganda, y por lo tanto se disminuya sus ingresos económicos, provocan o promueven la autocensura o se genera censura de forma directa o indirecta.
- Se debe incidir en la profesionalización del periodista con cursos de postgrado y de especialización.


El auditorio Adela Zamudio estuvo lleno durante los tres días de realización del evento.
Este coloquio estuvo organizado por el PENBOLIVIA, filial Cochabamba, bajo el auspicio del PENBOLIVIA.

2) STAN PENCOCHABAMBA – Venta de libros
Se alquiló un stand para la difusión de las obras de escritores del PENCBA. Se invitó a todos miembros del PEN para que pudieran participan en este stand. Aceptaron participar en este stand: Willy Muñoz, Rosalba Guzmán, Teresa Constanza, Oscar Ruiz, Jorge Ayala, Dennis Morales, Edith Zabalaga, Pilar Pedraza, Blanca Garnica, Stefan Gurtner e Ivan Prado.
Estuvieron también presentes en el stand con sus obras los escritores invitados Manuel Vargas y Michelle Dechellete.
Participaron en el stand de los amigos del libro: Raul Rivero y Sisinia Anze, miembros del PENCBA.

3) PRESENTACIÓN DE LIBROS
Participaron en la presentación de libros de la IX Feria del libro los siguientes autores:
- Teresa Constanza Rodríguez presentó su libro de cuentos “Noche de Fragancias”.
- Ivan Prado Sejas presentó sus novelas: Las Amazonas (3ra. Edición), Hananpacha y Samaypata (2da. Edición).
- Vanessa Giacoman: Presentó “Antologias de las Sombras (Volúmenes I, II y III).

Como todos los años, el PENCBA estuvo presente de forma activa en la IX Feria Internacional del Libro de Cochabamba y contribuyó para que sus miembros puedan difundir sus obras y los lectores puedan conocer los objetivos y las actividades del PENBOLIVIA filial Cochabamba.



Cochabamba, octubre de 2015

Iván Prado Sejas                               Dennis Morales
PRESIDENTE                                SECRETARIO GENERAL

Como una lámpara a la sombra. Sobre la poesía de Norah Zapata-Prill



Por: Guillermo Ruiz Plaza

A fines de octubre de este año tuve la suerte de conocer en Albi (antigua ciudad cátara, hoy capital de la región del Tarn, Francia) a la poeta boliviana Norah Zapata-Prill (1946). Generosa, Norah me regaló una antología de su obra titulada Capricho humano en versión bilingüe español/italiano, publicada en 2014 por ediciones Gattomerlino. De Norah no había leído más que los poemas seleccionados en la antología El aliento en las hojas (1998), para la cual Eduardo Mitre seleccionó poemas de los 4 libros publicados por ella hasta ese momento: De las estrellas y el silencio (1975), Géminis en invierno (1978), Fascinación del fuego (1985) y Diálogo en el acuario (1985). Dicho sea de paso, Eduardo Mitre y Norah Zapata-Prill pertenecen a la misma generación: poetas, a menudo polígrafos, nacidos en la década del 40. Grupo de escritores unidos paradójicamente por la dispersión geográfica y estética, razón por la cual esa generación dispersa funciona como una colectividad marcada por fuertes individualidades, algunas de las cuales se han convertido con el tiempo en ciudadanos del mundo. Así, por dar solo tres ejemplos, desde hace muchos años que Eduardo Mitre (1943) radica en Nueva York, Pedro Shimose (1940) en Madrid y Zapata-Prill en Lausanne, Suiza. Como confirmó Norah en una de las charlas que tuvimos, este exilio fue para algunos político, sobre todo al principio; pero en la mayoría de los casos, como en el suyo, cabe hablar de un exilio voluntario debido a razones de orden existencial. La experiencia del exilio marca buena parte de la poesía de Zapata-Prill; en esta nota propongo un acercamiento a esa experiencia a partir de Capricho humano, libro compuesto por una veintena de poemas, la mayoría inéditos en Bolivia.

Como evidencia Mitre en su valioso ensayo “La soledad del horizonte”, De las estrellas y el silencio y Géminis en invierno son dos poemarios antagónicos: en el primero predomina el tono elegíaco cuando en el segundo prevalece la celebración. En su obra prima, Zapata-Prill traduce un exilio interno a través de un yo poético desasosegado, cuya relación con el entorno resulta conflictiva debido a la pérdida del ser amado y de la propia identidad. En su segundo libro, la experiencia de la pérdida cede el paso a la celebración de la presencia: “Sí, por causa tuya / es más bello el paisaje”. En este libro, la poeta supera el tono desgarrado y el miedo a la pérdida, pero también la esperanza. De ahí que Géminis en invierno culmine en una despedida del ser amado y Fascinación del fuego con estos versos: “Arder / para hacerse olvido en la ceniza”. Como señala Mitre, en Zapata-Prill la pasión amorosa aparece como una transmutación cíclica: de la brasa a la llama y de ahí a la ceniza (del encuentro a la comunión y de ahí a la despedida o a la ruptura). Esta transmutación o viaje interno es todavía vigente en Capricho humano, libro en el que, además, se incorpora la experiencia del exilio territorial. Pero lejos del tono quejumbroso y nostálgico usual en las letras de exilio, aquí predominan las celebraciones, aunque eso sí, contenidas por la lucidez y cierta serenidad conquistadas gracias a la aceptación de la vida tal como es. Así, en uno de los poemas más intensos del libro, titulado “Emigrante”, leemos: “Partir / Saltar por encima del berro / Del trigal / De la olla // Partir sin confesar qué olvido se acopla a la memoria / Qué recuerdo oscurece el fuego // Partir dándole forma al viento”. Afirmación ritmada por la anáfora del verbo “partir”: escenificación de un deseo irreprimible. No hay denigración alguna del espacio natal; la necesidad del viaje, del movimiento, traducida por los encabalgamientos abruptos y el ritmo sincopado, toca al yo poético casi tanto como la pasión amorosa, el otro gran tema de Zapata-Prill. La recurrencia en esta poesía de la palabra “sed” traduce tanto el deseo amoroso como la necesidad del desplazamiento. De hecho, el amor aparece bajo la forma de un viaje. Dirigiéndose al ser amado, la poeta pide: “Viájame” (“Ruleta rusa y barco vikingo”). Esta sed simboliza un deseo insaciable, tanto en el plano amoroso como en el del exilio, una misma búsqueda sin fin de la identidad propia y de la del ser amado. Para utilizar una expresión de René Char, en Zapata-Prill alienta una “ceniza siempre inconclusa”. En palabras de nuestra poeta: “Reinventarse es retirar las cenizas del frío”.

La experiencia del exilio también puede resultar dolorosa. En “Raíces”, la poeta nos habla del retorno al terruño y el desencuentro con los suyos, que se han vuelto ajenos y que la sienten ajena: “Hoy / bajando hacia el mercado / los he visto // Nos une sólo un aire de familia? / Mi hermano dice que he cambiado / sin duda / sí / pero qué cambio justificaría el desamor? // Mi abuelo dice que desconozco la agonía / y por tanto / sé de dioses y adioses / de volcanes apagados en mis sienes // Por qué el dolor nos vuelve invisibles?” En la entrevista concedida a la traductora italiana Piera Mattei, Norah afirma que partir al extranjero es en cierta forma morir, pero también hacer morir a quienes se quedan sin nosotros. Vemos cómo la experiencia del exilio, en Zapata-Prill, está signada por la lucidez antes que por la complacencia. Lejos de la univocidad estéril, en Capricho humano pactan el amor a los orígenes (“Después de todo / Las raíces son insaciables”) y la pasión del movimiento. “Reencuentro” celebra el hallazgo de viejos y queridos libros: “Aquí están / Aún de pie / Arrimados los unos a los otros los viejos libros de mis primeras letras” y después: “El aroma ha cambiado / Ya no es el de la lluvia sobre grietas vírgenes / Sino el de árboles que han resistido al invierno de muchas estaciones”. Pero el poema no se complace en la nostalgia, sino que desemboca en la necesidad y la promesa de nuevas páginas, “desgajadas” de la mano que escribe: “Así como los árboles sin piedad por sí mismos voy a dejar / a la hojarasca mis manos // Mis hojeadores dedos / Sus ataduras / Mis pies y la hierba y el camino // Que todo sea por un grano / Un nuevo brote / Un nuevo libro”. El “reencuentro” se convierte en movimiento; la irrupción del pasado sigue “dándole forma al viento”, al avanzar ineludible y gozoso del tiempo en sus manifestaciones naturales y culturales. No es anodino que en estas últimas líneas del poema las palabras “camino” y “libro” se enlacen gracias a una rima asonante: también el libro (lectura y escritura) es un viaje, también el libro –lo que permanece– es movimiento. La energía vital y la voluntad poética aparecen plasmadas en esos “hojeadores dedos”: dedos que sucesivamente hojean libros, “leen” el camino y se “deshojan” en nuevos poemas. Esta convergencia afirmativa se da igualmente en una de las piezas más admirables del libro, “A los cactos de Oruro”:

Me siento al lado de los cactos
Sus espinas me tocan sin querer herirme
Y por mi espalda se deslizan sus labios hechos tuna
Como diciéndome
Yo te he querido como a nadie
Orfandad de la puna
En un gesto de ofrenda
Los pétalos de la ulala caen
Y el viento canta aromas
El tiempo se eterniza
Es mío el cielo
Entonces
Sé que no hay amor más grande que el seguir amando
A pesar de la espina y sus espinas.

Norah nació en Cochabamba, pero a los 8 años se mudó a La Paz, donde vivió más de 20 hasta su partida a Europa. Como confiesa en la entrevista concedida a Piera Mattei, “el paso del valle rico en fauna y en flora a la austeridad del altiplano” marcó su visión de la existencia. A las antípodas de “Raíces”, en que se escenifica un regreso doloroso y conflictivo al país de origen, aquí la experiencia mística en la puna sella la reconciliación de la poeta con el paisaje que marcó el fin de la niñez y la inocencia. Como especifican los versos finales de “Ruleta rusa y barco vikingo”: “La inocencia es culpable cuando implora que las cosas / no sean lo que las cosas Son.” (“Son”, así, con mayúscula). No solo leemos una aceptación sino una afirmación profunda de la vida a pesar del tiempo y sus muertes, del deseo inacabable y su sed abrasadora que nos obliga levantarnos, una y otra vez, de nuestras propias cenizas. En Zapata-Prill, el mundo es un movimiento perpetuo, “un monstruo de energía” (Nietzsche) que solo se afirma a sí mismo, donde aun los muertos, “los olvidados”, se mueven con avidez: “Errantes persiguen la sed y el hambre a tropezones / Se agrupan / Se reparten la lluvia cuando llueve / Se reparten la luna cuando hay luna”. Perseguir la sed: no solo aceptar, sino desear el deseo. ¿No escribió Nietzsche que, “En última instancia, lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”? Como en Lucrecio –y esto lo apunta Mitre en su ensayo–, el deseo es cifra del universo de Zapata-Prill. El deseo como motor inacabable. En el poema irónicamente titulado “Final”, se escenifica el regreso de Lázaro entre los vivos. Oponiéndose a la línea poética y narrativa que hace de Lázaro un desdichado por haber sido resucitado contra su voluntad, aquí el personaje bíblico, lejos de compadecerse o de complacerse, enuncia una ética digna del “Sísifo feliz” de Camus: “Yo / Lázaro / Renuncio a confiar a los ojos de la nada / El azul que alumbra todavía en este misterio que es la sombra mía”. Afirmar el misterio y el milagro de la vida, y permanecer de pie en la adversidad, eso es “reinventarse”. Como el Sísifo camusiano, el Lázaro deseoso y afirmativo de Zapata-Prill cristaliza la ética de toda una obra; como en Camus, aferrarnos al amor y a la lucidez es lo único que puede salvarnos del nihilismo y el absurdo, y llevarnos, por qué no, a la cima del día. Pero esto implica prescindir conscientemente del gran salto hacia la trascendencia que anularía la tensión incesante de la que habla Camus y que, además de fuente de dicha, puede ser raíz de angustias legítimas.

Así, a pesar del predominio del tono celebratorio, el sujeto de la poesía de Zapata-Prill no esconde tensiones internas: “Con un dolor despierto en mi corteza / Fui quemadura / Rotura / Quebradura / Fisura”. También momentos estremecedores que nos recuerdan lo insignificante de nuestra existencia: “Era sólo un punto perdido en el universo / Hasta que un día me atreví a reírme de mí mismo”. Estas líneas valorizan la ligereza y el humor, dos rasgos que no contradicen sino que confirman la lucidez del sujeto; rasgos que, además, contribuyen a la aceptación sin ambages de la condición humana. No solo afirma, sino que “ama” la finitud del amor: “Amo los árboles que se dejan recorrer por la luna / Sin esperanza alguna” (El beso de la luna). Y elogia las marcas de la vejez: “Sé que la calvicie no es un defecto de los años / que las canas tienen su propia lámpara” (“Raíces”). En este sentido, hay una conciencia casi gozosa de nuestro carácter pasajero, plasmada de forma magistral en “Las manchas”, poema dedicado, de forma elocuente, a la hija de la poeta:

Las manchas que yo llevo
Que tú ves
No están sucias
Son la sombra
Nada más que la sombra
De
Nubes pasajeras.

No hay impureza alguna en la vejez. Todo forma parte de una danza universal donde el único error es la inocencia culpable. Entonces no queda más que agradecer lo que nos define: la sed insaciable, la vejez, la muerte y, como en Borges, agradecer el olvido. Pero ante todo, en Zapata-Prill, se trata de agradecer el amor, ese “dolor / Preso / Entre el ser y la nada”. De ahí que un cántico contenido cierre Capricho humano, tomado de Géminis en invierno, como para cerrar un largo ciclo:

Gracias
Por la nieve pura de tus manos
Que emblanquece
Mi cuerpo
Gracias
Por inflamar mis labios
Y ponerte
Tan cerca de mi sed
Gracias por esta vida
Que me posee
Como una lámpara a la sombra.

Como una lámpara a la sombra, esta poesía no niega la oscuridad, sino que la hace suya; poseyéndola, nos ilumina. ¿No es la función de la poesía la de iluminarnos, ayudarnos a sobrevivir espiritualmente en este mundo materialista y violento? Si ya en Géminis en invierno predomina el tono celebratorio, esta tendencia se confirma de forma significativa en Capricho humano, incorporando una lúcida tensión que, como vimos, no hace más que intensificar la lectura, la vivencia de este libro. La lucidez aquí consiste en saber que todo tiene fin, excepto el deseo. Y en aprender a amar y a admirar esa dinámica entre finitud e infinitud que, según otros autores, es precisamente lo que nos hace desdichados. Sin hermetismo gratuito, calibrando el misterio y el encanto de las imágenes, con un ritmo original –ora conciso, ora de largo aliento–, Norah Zapata-Prill logra no pocas veces suscitar la emoción. Y esto es lo que, según Pound, los poetas deben buscar ante todo. Es una lástima que, por ahora, la obra de esta poeta boliviana radicada en Suiza esté prácticamente (si no totalmente) ausente en las librerías nacionales. Solo queda esperar que, al menos para empezar, una antología del conjunto de su obra (libros inéditos incluidos) salga a la luz en Bolivia, sellando el regreso de una de las voces más valiosas de nuestra poesía contemporánea.

Fuente: La Ramona