PENBOLIVIA, filial COCHABAMBA

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miércoles, 6 de enero de 2016

Baudoin y Ruiz, de Márquez, premio y estilo




Raúl Rivero Adriázola (*), Los Tiempos

Qué difícil es escribir un cuento. Quien lo intenta está obligado a seducir y, mejor, asombrar al lector desde la primera línea, y no le quedan muchas más para desarrollar la trama y culminar con un adecuado y, mejor, inesperado final. A diferencia del cuento oral, que goza de la ventaja de aprovecharse para gustar de las inflexiones de voz o las pausas que sepa hacer el narrador para atraparnos en las redes de lo relatado, son las mismas palabras y cómo son puestas sobre papel, en su intrínseca sonoridad, las que deben sugerir u obligar esas inflexiones o pausas en el lector.
De ahí que, a los que como en mi caso, preferimos la novela antes que el cuento, nos maravillamos más con un buen escritor de relatos breves y, por lo mismo, también le exigimos más de seducción y asombro. Por eso, en mi biblioteca figuran pocos cuentistas, pero los tengo en un escalón más alto de mis preferencias que a la mayoría de los novelistas que más aprecio. Poe, Borges y Cortázar, Arreola y Monterroso, Rivas y Kertész, Céspedes y Scott-Moreno, son algunos de los que primero se me vienen a la memoria, como habitantes de ese olimpo de mis predilecciones.
Con la agradable novedad de que la autora boliviana Magela Baudoin ganó el ya prestigioso y jugoso premio García Márquez, inmediatamente me vino a la memoria el precioso libro de cuentos “Fronteras Desbordadas”, de Beatriz Ruiz (Editorial 3600, 2013). Y la razón de esa ligazón mental entre el premio y esta autora tiene que ver con el estilo. Aunque escrito en este siglo, al leer “Fronteras…” uno tiene la excitante sensación de deja-vu, de volver a los años del mundo “Real Maravilloso”, aquellas palabras casi olvidadas que trataban de explicar el rico e incontinente universo literario de los autores del “Boom” y en el que García Márquez figura como ineludible emblema y obligada referencia. Es que Ruiz juega con el lenguaje y con las situaciones que describe con la misma habilidad que si de un autor de los años sesenta o setenta del siglo pasado se tratara, sumergiéndonos en un mundo de maravillas por lo insólito de sus personajes y lo asombroso de los hechos narrados, que nada tienen que envidiar a los relatos que Gabo y compañía nos entregaron en aquellos mágicos años para las letras latinoamericanas.
En el caso de Magela, el anzuelo para atraer al lector es diferente. Ella, más bien, encandila con su excelente y bien pulido uso del lenguaje, con sus descripciones precisas y diáfanas, en las que no falta ni sobra adjetivo o verbo, en el que dice lo que quiere decir con inteligencia, y punto; aunque hay que reconocerle trazos de influencia de ese real maravilloso en algunos de sus cuentos. Ese admirable empleo del lenguaje no solamente hace difícil para el lector el soltar su magnífica “La Composición de la Sal” (Plural Editores, 2014), obra merecidamente ganadora de referido galardón internacional, sino que le obliga a dar una y mil vueltas a las excelentes tramas. Y, tal vez, ahí esté otra gran diferencia entre estas dos magníficas cuentistas. Mientras Ruiz nos describe cosas más de campanario, algunas sólo entendibles por quienes habitamos estas tierras, la propuesta de Baudoin es más cosmopolita, incluso cuando arma historias con escenario local, por lo que su lectura es seguramente más fácil para el público de otras latitudes.
Empero, al margen de esas diferencias, que en nada desmerece a una o pone por encima a la otra, ambas son dos ejemplos de autoras que poseen el envidiable secreto de saber introducir en sus relatos las adecuadas dosis de seducción y asombro, para que no podamos hacer a un lado el libro hasta su punto final y saborearlo en la memoria aún mucho tiempo después de haberlo concluido.
El leer a autores bolivianos de tal aptitud y habilidad para entregarnos relatos tan bien logrados, como lo consiguen Ruiz y Baudoin, nos confirma con orgullo que, hoy por hoy, las letras bolivianas están viviendo un momento de gran nivel, donde parece darse una sana e imaginativa competencia entre talentos jóvenes –y, algunos, no tanto– que han elevado en grado sumo la calidad de lo producido en novela, cuento, ensayo y poesía. Creaciones dignas de reconocimiento internacional, para beneplácito del ávido lector, estímulo para el potencial escritor y regocijo para nuestros editores y libreros.

Fuente: http://www.lostiempos.com/lecturas/varios/varios/20160102/baudoin-y-ruiz-de-m%C3%A1rquez-premio-y-estilo_328147_728919.html

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